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Desde que era un chavalín tenía la ilusión de practicar este deporte. Siempre me pareció algo lejano. Primero porque una vela costaba una pasta que no tenía. Después porque me fui a trabajar lejos de mar. A pesar de los 44 que me acaban de caer, me he decidido por fin y he tomado en Sancti Petri una semana de clases, que tengo intención de prorrogar. He sufrido un poco porque estaba en bastante mala forma, ¡ay, la buena vida! Pero ahí me tenéis en la foto, en medio con la vela amarilla limón, con el Castillo de Hércules al fondo. Ahora estoy bastante contento. Me lo he pasado genial y estoy en mejor forma.